decepción
no nevó. yo que me había arreglado par recibir a la nieve, ya va y no viene. bueno, al menos fui precavido. mamá ha querido consolarme: “altiBAJOS, ya sabías que esto podía pasar. no te preocupes, ya verás la nieve. un día nos vamos a buscarla”. pero claro, eso no es lo mismo. que iremos, eh! porque no me lo quiero perder. pero claro, no es lo mismo.
no ha nevado pero he conocido la decepción. que es importante también, no te digo que no. pero un poco más fría que la nieve.
no sabía que uno podía estar decepcionado por algo que sabía que podía ser (o no ser, that’s the question, o dátis, en honor a Manolito). pensaba que la decepción era algo que uno sentía cuando algo que se suponía que iba a pasar finalmente no ocurría. pero yo SABÍA que a lo mejor nevaba y a lo mejor no nevaba. así que creo que la decepción no sólo tiene que ver con lo que se sabe, sino también con lo que se quiere, lo que se desea, lo que se espera.
es como estar sentado al lado del teléfono porque quieres que te llame. y cuando no te llama, y pasan los minutos, y sigue sin llamarte, empiezas a sentir un poquito de decepción. y después mucha decepción. y podía no llamarte, y lo sabías. pero tenías tantas ganas de que lo hiciera... (claro que con los móviles ya nadie se sienta a esperar al lado del teléfono, pero es la misma espera desesperante).
hay más sentimientos parecidos a la decepción y entrecruzados con ella, pero soy nuevo en esto de sentir y todavía no tengo muy claro cuándo se termina la decepción y empieza la rabia y cuándo ésta se mezcla con la angustia y con el desencanto y con la pena y si todas juntas en batiburrillo se llaman de otra forma distinta. pero me quedo con la primera, que tiene un nombre más sonoro.
total, que no nevó y aprendí lo que es la decepción. ahora sabré usarla en otros momentos, y si no me llamas, pues sabré que estoy decepcionado (y triste y rabioso y angustiado y desencantado... y sin oír tu voz).
no ha nevado pero he conocido la decepción. que es importante también, no te digo que no. pero un poco más fría que la nieve.
no sabía que uno podía estar decepcionado por algo que sabía que podía ser (o no ser, that’s the question, o dátis, en honor a Manolito). pensaba que la decepción era algo que uno sentía cuando algo que se suponía que iba a pasar finalmente no ocurría. pero yo SABÍA que a lo mejor nevaba y a lo mejor no nevaba. así que creo que la decepción no sólo tiene que ver con lo que se sabe, sino también con lo que se quiere, lo que se desea, lo que se espera.
es como estar sentado al lado del teléfono porque quieres que te llame. y cuando no te llama, y pasan los minutos, y sigue sin llamarte, empiezas a sentir un poquito de decepción. y después mucha decepción. y podía no llamarte, y lo sabías. pero tenías tantas ganas de que lo hiciera... (claro que con los móviles ya nadie se sienta a esperar al lado del teléfono, pero es la misma espera desesperante).
hay más sentimientos parecidos a la decepción y entrecruzados con ella, pero soy nuevo en esto de sentir y todavía no tengo muy claro cuándo se termina la decepción y empieza la rabia y cuándo ésta se mezcla con la angustia y con el desencanto y con la pena y si todas juntas en batiburrillo se llaman de otra forma distinta. pero me quedo con la primera, que tiene un nombre más sonoro.
total, que no nevó y aprendí lo que es la decepción. ahora sabré usarla en otros momentos, y si no me llamas, pues sabré que estoy decepcionado (y triste y rabioso y angustiado y desencantado... y sin oír tu voz).
2 Comments:
A veces es mejor no ilusionarse. Te cansas de las decepciones y terminas por perder la esperanza.
Pero es inevitable, en el fondo, desear que ocurra algo.
Un saludo.
y qué felicidad desear, querer, esperar, sentir, ilusionarse... a pesar de los pesares.
PD: y a pesar de los pesares, nevó!! gracias por venir, y nunca pierdas la esperanza.
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